Cuando la gente se entera de que leo más de ochenta libros al año, la reacción suele ser la misma: “¿Cómo tienes tiempo?”
La pregunta me parece mal formulada. No es una cuestión de tiempo. Es una cuestión de prioridades.
La lectura como herramienta de oficio
Desde que empecé a escribir en serio, la lectura dejó de ser un placer pasivo para convertirse en algo más parecido a un taller permanente. Cada novela es una clase magistral de alguien que resolvió problemas narrativos antes que yo.
Cuando leo a Patrick Rothfuss, estudio cómo construye el ritmo de una escena de acción. Cuando leo a Jane Austen, aprendo a cargar una conversación de subtexto sin que se note. Cuando leo novela histórica bien documentada, observo cómo otros autores equilibran el detalle histórico con la fluidez narrativa.
No es que subraye y tome notas en cada página. Es que leer mucho entrena el oído narrativo de la misma forma que escuchar música entrena el oído musical.
El número importa menos de lo que parece
Ochenta libros suena a mucho, pero son menos de dos por semana. Si lees treinta minutos cada noche antes de dormir, ya tienes la mitad. Si añades el transporte, las esperas, los descansos del trabajo… el número se alcanza sin sacrificio.
Lo que sí he aprendido es que la calidad de la atención importa más que la cantidad de páginas. Hay libros que he leído en dos días y de los que no recuerdo nada. Hay otros que me tomaron tres semanas y me cambiaron la forma de escribir.
Lo que busco en cada libro
Cuando abro una novela, inconscientemente me hago varias preguntas:
- ¿Cómo arranca el autor? ¿Qué promesa hace al lector en las primeras páginas?
- ¿Cómo maneja el tiempo? ¿Cuándo acelera y cuándo frena?
- ¿Cómo diferencia las voces de sus personajes?
- ¿Dónde está el corazón emocional de la historia?
No siempre encuentro respuestas. A veces lo que encuentro es exactamente lo que no quiero hacer. Eso también vale.
La recomendación práctica
Si quieres leer más, empieza por leer lo que te apetezca, no lo que crees que deberías leer. La obligación mata el hábito.
Y si quieres leer como escritor, hazlo dos veces: una para disfrutar, otra para diseccionar. La primera vez que lees un libro eres lector. La segunda, eres aprendiz.
¿Cuántos libros lees tú al año? ¿Lees de forma distinta desde que escribes? Me interesa saberlo — escríbeme.